Esta parece ser una pregunta sin respuesta clara. Mientras el Estado vocifera a los cuatro vientos que el país está en una crisis energética y las empresas de energía presentan proyectos de distinto tipo para resolver el problema, más de 5,5 millones de extranjeros decidieron visitar nuestro país el 2016.

Turísticamente hablando, Chile no es un país barato. Si consideramos el fortalecimiento del peso, venir a Chile es considerado un lujo cuando lo comparamos con otros lugares del mundo; aun así los crecimientos explosivos del turismo están para quedarse y gradualmente se convertirá en la segunda industria en importancia del país.

¿Por qué entonces cuando el estado busca resolver sus problemas de energía no considera al turismo como actividad económica relevante? Se requiere de marchas, protestas y activismo medioambiental para evidenciar que nuestro patrimonio natural es apreciado por el mundo entero y que genera riqueza y puestos de trabajo para Chile.

¿Hay solución?

Todo tiene solución y esta comienza con una toma de conciencia integral que no sólo considere las necesidades energéticas para el desarrollo, originadas principalmente por la minería, sino que también considere desde un principio las variables ambientales y económicas de cada región. Debemos entender que para encender la luz necesitamos energía y para tener turismo, la principal economía chilena después de la explotación del cobre, necesitamos preservar las riquezas naturales y belleza escénica del territorio.

En el caso de la central Alto Maipo, los beneficios energéticos a corto plazo serán evidentes ya que Santiago tendrá acceso a energía algo más barata y se cubriría un déficit importante que existe en las mineras del norte. Los costos indirectos no serán tan evidentes, no aparecerán en las cuentas de fin de mes y definitivamente se percibirán como un impacto futuro relativo. Cuando el proyecto se termine y comience a generar electricidad, el Rafting del río Maipo será prácticamente anulado; actividad turística deportiva y de aventura que más identidad le ha entregado a la zona. La reducción dramática que tendrá el caudal del río afectará, además, a todos pequeños empresarios, acelerará el proceso de desertificación en el cajón ya que probablemente experimentará una pérdida importante de las napas que hoy abastecen a los pueblos de unos de los valles más emblemáticos de Chile.

Aún recuerdo cuando una empresa hidroeléctrica inundó los valles del río Biobío con promesas de desarrollo y crecimiento para la Región. Hace un par de años volví y con pena pude comprobar que la enorme actividad económica y turística generada por unos de los ríos más torrentosos del mundo hasta los 80, ya no existe y hoy es una zona empobrecida y abandonada.

Actualmente en Chile hay proyectos en curso por una inversión de 11.100 millones de dólares que generarán 4.105 MW y representan más de un 20% de la actual capacidad instalada. Del total de proyectos de inversión más del 40% corresponde a energías renovables no convencionales, principalmente en base a energía solar fotovoltaica (fuente Ministerio de Energía). Esto indica que los discursos apocalípticos sobre alzas de tarifas y factibilidad de las empresas generadoras, eran falsos; entonces es posible satisfacer la demanda energética sin destruir los caudalosos ríos y milenarios bosques de la Patagonia, sin invadir los mares de los delfines y las ballenas y sin volver al siglos pasados utilizando combustibles fósiles, los que ya sabemos contribuyen al calentamiento gradual de la tierra.

No cometamos los mismos errores y hagamos bien el trabajo. Profundicemos en proyectos que sean sostenibles, valorando de igual manera los criterios económicos, sociales y ambientales.