La familia Yarur fue pionera en la industria textil a mediados de la década de los 40 del siglo pasado. Fundó la fábrica de hilados y tejidos de algodón más moderno de Sudamérica. En 1965, su producción representó un 17,9 % de la actividad industrial total, y el sector textil y de vestuario llegó a satisfacer las necesidades nacionales, años dorados que terminaron con las expropiaciones del período 1970-1973 y el boom de las importaciones que llegaron luego de la sistemática reducción de aranceles durante los años de gobierno militar.

Si en los sesentas el 97 % de las prendas eran de producción chilena, hoy solo alcanzamos el 7%. El incentivo para importar ha dado paso a que numerosas marcas de lujo lleguen a nuestro país, esperándose que durante este año crezca en un 5%, de acuerdo a la Asociación de Marcas de Lujo (AML).
Los turistas, especialmente de origen argentino y brasileño, han sido un gran motor de compra en el país.
Parque Arauco, registró un aumento de compradores-turistas de más de un 40% respecto al período anterior, rompiendo el récord de ventas de dos dígitos.

Para entender el impacto de esta industria, es necesario informarnos para actuar con mayor consciencia ambiental, social y económica.

Arjen Hoekstra (padre del concepto de huella hídrica) estima que para fabricar una camiseta de algodón de 250 gramos se usan unos 2.900 litros de agua y para un jeans de 1 kilogramo 11.800 litros.
Una polera debe pasar por al menos 8 pasos para llegar a nuestras manos:
recolección de materia prima, producción de fibra, hilandería, tejeduría, tintorería, diseño y confección para finalmente llegar a la comercialización.
Durante este complejo proceso se asocian prácticas no sustentables.
Por ejemplo en el caso del algodón que ha ocasionado una grave devastación ecológica en el país asiático de Uzbekistán, sexto en su producción a nivel mundial, donde el riego junto con fertilizantes y pesticidas aplicados a las plantaciones han causado que se agoten los recursos de agua del Mar Aral y el subsecuente fracaso de la industria pesquera en la región.
Por otro lado, los habitantes de Estados Unidos compran 22 billones de prendas de vestir y el 2% de estos artículos se destinan a la exportación, pasando de país en país hasta el momento que termina en alguna una tienda de retail.
Si cada año se venden 80.000 millones de prendas en el mundo que son responsable del 20% de los tóxicos que se vierten en el agua, más todo el petróleo que se usa para su producción como para su transporte, la situación es por lo menos preocupante.

Aunque Chile ya no es un gran productor de textiles ¿qué pasa con la huella de carbono que tienen las prendas importadas que vestimos?, ¿sabemos realmente quiénes son los productores y sus prácticas éticas, ambientales, laborales y económicas? ¿Tenemos prácticas conscientes y sustentables según nuestras necesidades?

Este mes un noticiero nacional dio a conocer la cantidad de basurales ilegales existentes en la primera región debido a los “residuos”
ocasionados por la importación de ropa indiscriminada al país.
Según el Ministerio de Medioambiente, de las 29 mil de las toneladas importadas desde el 2015 a la fecha, 12 mil toneladas terminaron incineradas en vertederos clandestinos, produciendo además, alto índices de contaminación atmosférica en el sector de Alto Hospicio.

En consecuencia, no solo tiene que ver con el origen de la ropa que usamos, sino también con el cómo lavamos, tratamos, reciclamos o reutilizamos.

Los invito a revisar su closet y poner bajo lupa… ¿Realmente necesitas todo lo que está en tu armario?
¿De dónde viene tu ropa, cuántos kilómetros tuvo que recorrer para llegar a ti?
¿Qué tipo de ropa usas? ¿Fibras naturales o sintéticas?
¿Cómo la lavas?
¿La secas al sol o en secadora?
¿Qué detergente usas?
¿Qué haces cuándo ya no usas una polera? ¿La regalas? ¿La botas o reutilizas?
Tras responder estas preguntas sabrás qué tipo de consumidor eres y tus características como “usuario textil”.

Tenemos que lograr ser consumidores y usuarios textiles conscientes a través de simples prácticas, así que en tu próxima adquisición recuerda algunas “R”:
– La primera pregunta, ¿necesitas esa prenda?: No incentivemos la demanda de esta industria si no es estrictamente necesario.
¡RECONSIDERA!
– Elije prendas que sean desarrolladas con materias primas naturales o recicladas (algodón orgánico, poliéster reciclado, bambú, o lana).
¡REEVALÚA!
– Observa el origen de su lugar de producción. Entre más cercana el lugar de venta con el lugar de confección, menos dióxido de carbono habrá producido y la huella ecológica será menor. ¡REVISA!
– Fíjate en la calidad de la prenda. Es mejor pagar un poco más y tener ropa durable. La ropa desechable de fibras de baja calidad, pueden ser muy tentadoras para los usuarios, pero muy dañinas para el medioambiente. ¡RECALCULA!
– Dale una oportunidad a la ropa de segunda mano, las ferias y tiendas eco siempre tienen ofertas, calidad y diseños. Alargar la vida útil no solo ayuda al medio ambiente, sino que también a tu creatividad. Además, esos jeans podrían ser un bolso o tus nuevos shorts, aprovecha las redes que están llenas de ideas.
¡Repara y reutiliza!

Camila Espinoza
Coordinadora Académica
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